TUS RELATOS

 3º ESO -  IES Playa Flamenca (Orihuela Costa)








      LO QUE HA UNA JOVEN BONDADOSA LE SUCEDIÓ
                 
                 
Se encontraba Andrea hablando con su mejor amiga Cristina, como en muchas ocasiones. Andrea se encontraba preocupada, así que le dijo a Cristina: 
-Últimamente personas cercanas y no muy conocidas mías, me han estado pidiendo favores, como que les deje los deberes y como “recompensa”, van hablando mal de mi a mis espaldas, cosa que no me gusta. Y ya no sé que hacer. ¡Aconséjame por favor! 
Cristina le respondió:
-Amiga, esto que te ocurre a ti y que te preocupa, se parece mucho a lo que le sucedió a mi madre cuando era joven.
Andrea le rogó que le contara esa historia.
-Mira Andrea. –Dijo Cristina.
-Mi madre era muy amable, buena y respetuosa con todo el mundo. Hasta que un día le dejo los deberes del instituto a una compañera de su clase, para copiárselos. La chica a la que se los dejó, ni le dio las gracias por aquel favor, esto lo hacia constantemente, era así de mal agradecida.  Mi madre nunca le dijo no a nadie, era muy generosa, de naturaleza. Todo el mundo se aprovechaba de ella, de su inteligencia y de su amabilidad. 
Pero llegó el día en el que escuchó a una de sus compañeras hablando mal de ella, sin tener en cuenta todo los favores que  le había hecho. A mi madre le dolió mucho oír todo lo que hablaba de ella y se sintió utilizada. 
A partir de ese día se empezó a fijar muy bien e la gente que tenía a su alrededor, no tenía que ser amable con todo el mundo, había gente mala a su alrededor y gracias a esa experiencia, puso en práctica lo que le había enseñado esta. 
-Así que tu Andrea, tendrías que poner en práctica esta técnica también. No te dejes engañar por las apariencias. – Dijo Cristina.
Y así lo hizo Andrea, todo le fue bien y nadie más se volvió a aprovechar de ella.
Como la clase de 3ºB  vio que este cuento era muy bueno, lo mandó poner este libro y escribió unos versos que dicen así: 
               
                  
                  
                Así como las apariencias engañan,
                la inteligencia siempre gana.




2                                                                            Nombre: Luisa Fernanda
                                                                              Apellidos: Díaz Méndez
                                                                              Curso: 3ºB 
                                                                              Fecha: 7/12/2014
                                                                               I.E.S Playa Flamenca
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FINAL INESPERADO, de María Piñeiro.

Son las siete de la mañana  y, ¡cómo no!, me he vuelto ha quedar dormida. Soy una persona tan despistada que siento que no puedo hacer nada bien. Desayuno mi típico vaso de leche, me visto y salgo por la puerta. 

Y ahí está, parado en medio de la carretera, esperándome. Su nombre es Miguel y he de decir que no sé qué haría sin él. Es mi mejor amigo, por no decir mi único amigo. 

-¿Te has vuelto a quedar dormida, eh?- me dice en forma burlona. Agacho los hombros en forma de perdón y pienso qué haría yo sin este hombre. Caminamos durante más de veinte minutos para llegar a la universidad, pero estoy tan cansada que no puedo evitar no retrasarme. 
-¿Estás bien?-  me pregunta preocupado. 
-No he dormido bien. Necesito descansar, nada más -bostezo y me froto los ojos para intentar despejarme. 

Entramos en clase y me dirijo a mi solitario sitio y apoyo la cabeza contra la mesa. 
-¡Suerte!- me susurra en forma de burla, y se sienta detrás de mí. 

Definitivamente hoy no es mi día, estamos a lunes y para variar en clase de matemáticas. Intento no dormirme pero estoy tan cansada que inmediatamente me quedo dormida. 

De repente, me sobresalto, levanto la cabeza de mi mesa y observo cómo la clase está totalmente vacía. No me lo puedo creer, se han ido todos, incluso Miguel. Recojo mis cosas enfadada al saber que él se ha ido sin mí, pero estoy tan preocupada pensando en lo que habrá hecho y el porqué no me habrá dicho algo que no me doy cuenta de que estoy totalmente sola por las calles. 

Camino hacia mi casa con la mirada perdida, sin cruzarme con nadie. Llego a casa con ganas de ver a mi familia, sabiendo que hoy no fue un día duro. Entro por la puerta y la casa está vacía, lo que me faltaba. La comida está en el microondas y todo está recogido, diferente. 
Dándole vueltas al tema y de repente suena el teléfono. 

-María, ¿cómo estás? Soy Miguel. Hoy no pude ir a clases, tenía mucha fiebre. ¿Qué tal el día? - me dice. 
Pongo los ojos en blanco al escuchar lo que me está diciendo. 
-Miguel, no estoy de bromas, adiós -le contesto y le cuelgo. 

Pero siento un cosquilleo dentro de mí, sé perfectamente que estaba hoy, que estuvo conmigo. Me voy al sofá, tengo un cacao en la cabeza que no me sostengo ni en pie. Me acomodo y caigo rendida. 

Justo en ese mismo momento siento unas pequeñas patadas en mi silla, abro los ojos, me giro y allí está Miguel. 

-Vamos María que ha terminado la clase, ya has dormido demasiado- me dice riéndose sin parar. 
Estoy rara, confundida y sobre todo sin palabras, no sé lo que está pasando. 
- Solo ha sido un sueño María, no te preocupes- me digo a mí misma. 
Miguel sabe perfectamente que algo me pasa, así que no se le ocurre otra dedica una de sus sonrisas. 
Ambos vamos caminando hasta mi casa sin decir ninguna palabra en el camino, pero por fin llegamos. 
- Descansa, ¿vale? -me agarra del brazo antes de que pueda entrar por la puerta. Entro y veo a mi madre cocinando y a mi padre leyendo. 
- Bueno todo volvió a la normalidad, supongo- afirmo de nuevo. 
Subo a mi habitación y me tumbo mirando hacia el techo, haciendo memoria del día que he tenido hoy pero, puedo notar como tengo el cuerpo dolorido, me observo detalladamente y puedo confirmar que no tengo nada mal y de repente veo todo negro. 

-María, responde, ¿cómo te encuentras? -me dice un hombre dándome palmadas en la cara. 
Abro los ojos muy lentamente y puedo ver cómo estoy en una habitación llena de gente con sus batas blancas. 
- María, todo va a salir bien. Tuviste un accidente de coche, te quedaste inconsciente -dice uno de ellos. 
- El conductor del vehículo contrario está aquí -quiere verte- añade otro. 
Sin casi poder hablar, asiento la cabeza  y observo cómo un hombre entra por la puerta con un ramo de flores, pero no, no es un hombre cualquiera.
- ¿Miguel? - le digo sorprendida. 
-¿Cómo sabes mi nombre? Estoy muy mal por lo sucedido, estoy en deuda contigo, ahora dime, ¿qué puedo hacer por ti? -me pregunta. 
- Sé mi mejor amigo- le sonrío. 

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LA LEYENDA DEL CIERVO NEGRO de RAPiroska.

Una preciosa mañana de septiembre, que más tranquila no podía ser, estábamos todos reunidos en clase de lengua, leyendo un libro. 
El libro trataba sobre una antigua leyenda, La leyenda del Ciervo Negro, así se llamaba aquel relato que contaba las increíbles hazañas de un ciervo negro que, a lo largo de su vida, había defendido su bosque ante toda clase de bestias feroces que había derrotado. 

Estábamos comenzando el último capítulo sobre aquella trepidante narración, se notaba que era realmente buena porque la curiosidad nos vino en seguida, nada más leer las primeras páginas: 

Amadeus estaba inquieto, sabía que estaba a punto de llegar a su destino: el enorme nido del temerario Faguios, un ave enorme de color amarillo pálido que ardía y lanzaba unos terribles gritos que aterrorizaban a todos los habitantes del bosque, lleno de árboles espesos. Pero lo que aún más temían los habitantes de aquel hogar, era el hecho de que el despiadado Faguios lo quemaba todo a su paso. 

Amadeus sabía esto y había partido en busca del ave para poner fin a sus sanguinarios ataques. Levantó la cabeza y olisqueó el aire, siempre atento a no dejar qeu se enredase su majestuosa cornamenta en la red formada por las ramas de los árboles; no cabía duda, olía a quemado, la guarida de Faguias ya no quedaba lejos y así fue, Amadeus estaba a punto de retomar su camino cuando oyó un agudo y estruendoso graznido que le obligó a bajar las orejas para no sufrir...daño alguno; al instante, una potente ráfaga de llamas bajó del cielo y quemó gran parte de los árboles que nuestro ciervo había dejado atrás nos minutos antes. Amadeus echó a correr, perseguido por el ave que cada vez estaba más cerca, saltó un seto y se dirigía hacia un alta montaña que parecía estar siempre muy lejos. Cuando hubo llegado a su cima, Amadeus no se lo pensó dos veces y saltó al vacía con Faguias pisándole los talones, el ave se lanzó en picado para atrapar a su presa. Amadeus, mientras tanto, caía y caía sin tener fin, hasta que ante su vista apareció una puerta de metal que marcaba el fin de su caída; el ciervo cerró los ojos y se dejó llevar. 

Entonces, en el último momento esta puerta se abrió y ambos seres cayeron en nuestra clase, el uno encima del otro, el pájaro que vi lanzaba gritos ensordecedores y lo quemaba todo a su paso, mientras que el ciervo negro trataba en vano de protegernos ante aquel monstruo terrible. Profesora y alumnos, todos corríamos asustados de un lado a otro, tratando de escondernos y huir. El final de esta historia no es hermoso sino dramático, la clase quedó hecha cenizas, Faguios fue asesinado por Amadeus a coces y la mayoría de nosotros se había quemado junto a la clase. Era una catástrofe y en cuanto a Amadeus, el ciervo regresó inmediatamente después de su acto heróico a su mundo y se dejó celebrar por los suyos. 

Obvio, era un héroe, ¿no? 

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UNA PUERTA HACIA EL MUNDO, de Morena Nahir Díaz

Eran las ocho de la mañana. Todos los alumnos estaban ya en sus clases y los que no, estaban entrando a ellas. 
En tercero B leían una historia que la profesora había traído. 

- Verónica, lee tú -ordenó la profesora. 

     La señorita Beckett, una de las detectives más importantes de la ciudad esperaba sentada en un banco mientras leía el periódico. Terribles noticias se contaban en él. 

- ¡Noticia, noticia! Otros tres niños han sido encontrados muertos tirados en el andén numero 8. ¡Noticia, noticia! -gritaba el vendedor de periódicos. 

Los asesinatos habían ocurrido a lo largo del  último mes y habían alarmado a todos los ciudadanos. La policía había prohibido la salida de los niños después de las ocho de la noche y patrullaban las calles más solitarias. Sin embargo, los asesinatos habían sido ejecutados con perfecta armonía uno con otro. Todos los viernes, entre las once y la una de la madrugada, un hombre secuestraba a niños y los asesinaba de forma cruel y sanguinaria, para luego dejarlos en lugares públicos como si fueran trofeos de los que presumir. 

- ¿Qué clase de engendro podría hacer algo así? 
- En este mundo existe toda clases de personas, señorita Beckett - la detective dio un pequeño salto en su sitio por la impresión del comentario. 
- ¡Qué susto! No me había percatado de su presencia Mr. Brown. 
- Sí, bueno, ya sabe que me gusta la puntualidad- dijo con un deje de superioridad. 
- Bien, entonces empecemos a trabajar. 

Los dos detectives se marcharon a su oficina y se pasaron toda la tarde investigando los asesinatos. 
Allá para las once y media, los detectives pararon a tomar un descanso, estaban exhaustos y frustrados de tanto trabajo. 

Las luces de las farolas iluminaban las calles y cada media hora se veía pasar un coche patrulla por allí. De repente, un trepidante sonido proveniente de un callejón, logró captar la atención de los detectives. 
Salieron inmediatamente del edificio y corrieron hacia el callejón. Al final de la estrecha calle, se veía la figura de un hombre alto y robusto que daba golpes a un saco, que se removía violentamente. 

- ¿Crees que es él? - titubeó Beckett, en un susurro casi inaudible. 

Su compañero solamente asintió y desenfundó su pistola mientras caminaba muy despacio hacia el sujeto. 

Beckett, mientras tanto, marcaba el número de la policía. 

El hombre estaba concentrado en su tarea, que no se había percatado de su presencia, cuando Mr. Brown estuvo a tan solo unos pasos invadió el silencio. 

El hombre se giró bruscamente y dio un paso hacia atrás. 

- ¡Alto ahí! - vociferó el detective Brown- no dé un paso más, le tenemos rodeado. 

El hombre sin hacer caso a nada de lo que había dicho el detective corrió  hacia el lado derecho del callejón y justo cuando la bala había salido de la pistola de su oponente, una puerta se abrió y huyó por ella. 

De repente, la puerta de la clase se abrió y un hombre alto y robusto entró. 

Toda la clase se quedó en un profundo silencio. El hombre caminaba por los pupitres, examinando, uno por uno a todos los alumnos. 

Después se paró y todos pudieron ver cómo el hombre sacaba de su bolsillo un cuchillo, mientras una tenebrosa sonrisa se formaba en su cara. 

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EL NECRÓFILO, de Kate Adarchenko

Era un viernes 13 de diciembre, eran las ocho y media de la mañana. Bárbara estaba ta en cuarto de la ESO y, estaba en clase de lengua. Bárbara tenía quince años, era rubia y tenía unos ojos azules que enamoraban. 
La profesora de lengua no vino, dieron clase libre. Bárbara ya había empezado a leer el libro que encontró en el trastero de la casa de su abuela. 

La historia del libro trataba de un asesino en serie que vivía en los años ochenta en los Ángeles. Jack salió de su casa a las doce de la noche de su departamento y fue directo a Pachà. Allí conoció a Emily, hablaron, se tomaron un par de copas y se fueron a su casa. 
Jack maltrató a Emily, la violó, la mató y la abandonó en un bosque cercano. Jack al día siguiente fue al supermercado a por leche y se tropezó con una adolescente de unos quince años y empezó a perseguirla día tras día. 

Bárbara se quedó en esa página porque no podía leer más, se acabó la clase. Al llegar a casa, Bárbara se sentó a leer su libro. En casa no había nadie, de repente llamó alguien a la puerta, ella dejó su libro y fue a abrir la.... ¡Era Jack!
Bárbara entendió quién es y asustada se preguntó -¿Qué quieres? 
- A ti - respondió él. 
Ella se fue corriendo a por su móvil, le dio tiempo a llamar al 112. Jack la cogió, la ató a la cama y la violó. Después de eso quiso matarla pero la policía llegó. A Jack lo metieron en la cárcel de por vida y Bárbara se quedó traumada. Nunca pensó que un relato pudiera convertirse en realidad. 

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